¡Me aburro!

ruhender-frosch-rast-frosch-156903-2El otro día por la tarde escuchando la radio mientras hacia otras cosas, algo llamó mi atención cuando comenzaron a hablar del aburrimiento. El tema despertó mi curiosidad en primer lugar por lo poco tratado y segundo por el planteamiento que lanzaban “el aburrimiento como algo positivo”.

Tras la noticia, me quedé pensando en lo que comentaban y comencé a indagar sobre el tema descubriendo aspectos que me sorprendieron y que me resultaron muy interesantes, y aplicables a nuestra vida y futuro profesional, siendo éste el motivo que me anima a compartirlo con vosotros.

Estaréis de acuerdo en que es una emoción que todos hemos vivido alguna vez, algunos más que otros. Pudiéndola considerar intrínseca a la condición humana. En general se suele asociar a la falta de objetivos en la vida, a la insatisfacción laboral, a las relaciones sociales pobres, a la ausencia de alicientes, motivaciones, pero se ha comprobado que sucede también ante la necesidad de emociones fuertes constantes, a tener expectativas y metas excesivamente altas, o incluso a la exigencia de actividad y estimulación continúa. Incluso en el ámbito laboral se relaciona con aquellos trabajadores que adaptan su conducta a las expectativas de recompensa.

Esto nos lleva a pensar que no es tan raro y que es más frecuente de lo que imaginamos, inclinándonos a apoyar y compartir la idea que propone Heather Lench de la Universidad Texas A&M de que si “el aburrimiento es una experiencia cotidiana sugiere que debería servir para algo“. Y por supuesto que sirve, según los diferentes estudios tras un estado de aburrimiento la gente comienza a pensar en hacer algo distinto, nuevo, que le estimule para tratar de salir de ese estado, crece nuestra curiosidad, siendo más productivos en generación de ideas e ingeniosos. Además las experimentaciones han demostrado que tras una tarea rutinaria, tediosa o poco motivante los sujetos aumentan sus niveles de creatividad, innovación, iniciativa, aprendizaje y la capacidad para marcarse nuevas metas.

Los expertos del tema proponen que incluso es conveniente tener momentos de aburrimiento, dejarse llevar por ese “no hacer nada” y utilizarlo para ahondar en nuestro yo interno para conocernos mejor, a pensar, a reflexionar, a imaginar,… Porque la sociedad en que vivimos no fomenta estos periodos de “tiempo fuera” buscados, al contario nos expone a multitud de estímulos, nos presiona para la actividad constante, generando expectativas inalcanzables, multiplicando el estrés, y conllevando ese aburrimiento existencial prolongado, que ya no tendría nada de positivo.

O sea, el aburrimiento no es malo en pequeñas dosis. Para que sea así tendremos que asumir este estado como parte de nuestro catálogo de emociones y aprender a gestionarlo aprovechándolo para sacarle el mayor partido, recuerda todos los beneficios que hemos mencionado que reporta. Pero ojo, si comienza a ser muy habitual y con una duración más prolongada, entonces es momento de analizar qué está pasando y cuál es el motivo que nos lleva a eso.

Por lo tanto si estamos en búsqueda de empleo y de pronto notamos que nos estamos dejando llevar por el aburrimiento con frecuencia, comienza a evaluar qué buscas, dónde quieres llegar, con qué cuentas y qué vas hacer. Piensa si tu percepción de la situación es auténtica, o el estrés y el hastío se están acomodando en tu vida y no te dejan ver la realidad tal y como es. Recuerda que siempre hay cosas por hacer, estrategias que usar y caminos que escoger. Y este es un buen momento para ponerlo en acción

El aburrimiento se cura con curiosidad, la curiosidad no se cura con nada” Dorothy Parker

 

2017-03-09T13:14:58+00:00