Las máquinas piden paso

//Las máquinas piden paso

Desde el comienzo de la revolución industrial se ha discutido la influencia que tienen las máquinas en la evolución y diversificación del capital humano. Nadie puede negar los beneficios que la incorporación de la tecnología ha provocado a nivel social. El debate ha girado más bien en torno a los efectos negativos en la estructura social, el reparto equitativo entre territorios o la pérdida de puestos que no se recuperan nunca. Al final la conclusión suele terminar siendo la misma: las máquinas se encargarán de tareas repetitivas, pero a día de hoy no permiten sustituir el trabajo humano, aunque sin duda lo influencian.

La tecnología sustituye a los trabajos de fuerza bruta pero también ayuda a que aumente la productividad y el empleo en otros sectores, como el de la salud, la educación y otros servicios profesionales. Las máquinas permiten abaratar costes, lo que contribuye a que el ciudadano pueda disponer de más dinero para gastar. Pero después de muchos años de noticias alarmistas en torno a la sustitución del trabajo humano por máquinas, muchos de ellos con muy poca base científica y otros que no concretaban la parte del mundo a la que se referían, tenemos necesidad de saber cuántos puestos realmente se verán afectados en España, a qué profesiones afectará, cuándo se producirá el fenómeno y a que capas sociales afectará, con muy especial atención a los niveles educativos más elevados.
Para responder a las primeras preguntas tenemos que recurrir a un estudio del pasado año titulado “Un futuro de funciona: automatización, empleo y productividad”, elaborado por McKinsey & Company (descarga desde aquí), y que afirma que en España serán automatizados alrededor de 8,7 millones de empleos en las próximas décadas. En concreto hablan de 2055, pero tampoco se muestran muy seguros de cómo será la evolución, dado que marcan un margen 20 años entre 2035 y 2075.
Una vez sabemos el cuánto y el cuándo, tenemos que saber en qué sectores se concentrará la automatización y el más afectado en España será el del transporte y almacenamiento de mercancías, con un 65% de las ocupaciones en riesgo, seguido por la industria con un 64%, los servicios de alojamiento y alimentación con un 62% y la minería y el sector de materias primas en el que el 58% de los empleos serán probablemente sustituidos.
En el polo contrario se encuentran la educación con el 24% de sus trabajadores, el 37% de los profesionales, científicos y servicios muy técnicos y el 39% de los servicios médicos y la asistencia social, así como las profesiones relacionadas con el arte, el entretenimiento y el ocio.
El estudio concluye que las personas desplazadas por la automatización encontrarán muy probablemente otro empleo, aunque muchos trabajadores tendrán que cambiar y reciclarse, para lo que influirá su nivel de formación previa.
Para responder a las últimas preguntas que planteábamos al principio, como unas fechas más delimitadas en las que se producirá el fenómeno y a que capas sociales afectará, debemos acudir al reciente estudio “Will robots really steal our jobs?” realizado por PWC (descarga desde aquí) este mismo año. En el mismo se rompen algunos tópicos, como aquellos que dicen que el fenómeno afectará más a las mujeres o a los menos cualificados, y se establecen hasta tres fases claramente diferenciadas. Si vemos los pronósticos para nuestro país diferenciamos entre:

  • De ahora a mediados de la década de 2020. Afectará más a mujeres que a hombres (4% por el 2% de los hombres) y a un 8% personas con estudios medios y superiores, pero sólo a un 1% de los menos cualificados. Por sectores, se concentrará en Informática, sector financiero, comunicación, información y servicios técnicos.
  • A finales de 2020. Un 21% de los trabajos se verán afectados, siendo un 19% de los hombres y un 23% de las mujeres los que corren el riesgo de perder sus trabajos. Por estudios, un 13% de universitarios, un 29% de los trabajadores con estudios medios y el 19% con baja cualificación. Esta época se caracterizará por sustituirse las actividades que solía realizar el ser humano, como el transporte de mercancías u otras tareas repetitivas.
  • Una tercera fase, hacia mediados de 2030, en la que una tercera parte de los trabajadores se verá afectada y que afectará más a los hombres, un 39%, que a las mujeres, un 28%. Por nivel de estudios, los más perjudicados serán los menos cualificados en un 44% de los casos, seguidos de cerca de los trabajadores con estudios medios con un 39%. Los trabajadores más cualificados ya habrán pasado lo peor y solo afectará al 14%. A estas alturas la inteligencia artificial estará muy desarrollada, siendo capaz de analizar datos de distintas fuentes, tomar decisiones por sí misma y actuar sin que un humano se lo ordene. Labores como el transportes, manufacturas y el comercio se verán especialmente afectados.

Este estudio confirma al anterior en muchas de sus afirmaciones , como el aumento de remuneración y demanda en determinados sectores, como los empleos relacionados con la salud, el bienestar y la educación, cada vez más demandados según la población envejece y sale del mercado de trabajo.

Una última cuestión sería ¿Podemos hacer algo por frenar e influir en este fenómeno?
Es inevitable. En 25 o 30 años la mitad del trabajo realizado hoy por seres humanos podría llegar a ser realizado por máquinas. También con seguridad se crearán nuevos empleos, pero la duda está en si estos cubrirán los que se destruyan. La primera revolución industrial con la máquina de vapor, la segunda con la electrificación que permitió la producción masiva en las fábricas y la tercera con la llegada de la informática e Internet destruyeron millones de empleos, pero los nuevos que crearon fueron muchos más. Nada nos asegura que esta vez vaya a ser igual, pero tampoco nada nos lleva a concluir que pueda ser diferente.
En esta situación, la única garantía que tendremos para sobrevivir en el mercado será la de volcarnos en competencias tradicionalmente humanas, como la creatividad, la empatía, el liderazgo o la capacidad de entablar relaciones sociales. O dicho de otra manera, si no podemos competir con las habilidades que tienen las máquinas, redoblemos nuestros esfuerzos en llegar a la excelencia en las habilidades que sí son características de los hombres.
Obviamente se nos plantean otra serie de retos, como la de saber si estos cambios servirán para hacer un mundo más justo y equitativo o incrementarán las desigualdades entre zonas geográficas y grupos sociales, o la de tener claro si el sistema resultante será sostenible a largo plazo a nivel de, por ejemplo, prestaciones sociales. Pero esto ya es otra historia y daría para reflexiones mucho más profundas que ni los mejores expertos han podido aún aclarar.

2018-02-27T13:09:08+00:00 febrero 27th, 2018|Mercado de trabajo|