La vuelta a la normalidad del empleo público

//La vuelta a la normalidad del empleo público

Hace una década una gran parte de las sesiones que se realizaban en los servicios de orientación tenían que ver con la preparación de oposiciones. Las encuestas coincidían en que casi dos tercios de los universitarios preferían trabajar en empleos públicos y finalmente en torno a un tercio terminaban preparando este tipo de pruebas. La estabilidad y flexibilidad de los trabajos eran los principales argumentos para justificar esta preferencia.

Tras el comienzo de la crisis en 2007, todas las administraciones públicas comenzaron a recortar puestos y las convocatorias terminaron siendo residuales. Las ofertas de empleo público, que en algunos casos habían superado los 35.000 puestos, se vieron reducidos prácticamente a cero. Las tasas de reposición, es decir el número de personas que se incorporan respecto a las que abandonan los puestos, comenzaron a ser negativas. De ahí a la paulatina pérdida de interés por parte de los potenciales candidatos fue casi instantánea y las consultas a resolver sobre oposiciones se espaciaron de manera evidente.

Número e nuevas plazas convocadas por las Administraciones Públicas en España (por años). Fuente: Banco de España 2017

La época de crisis también se aprovechó para criticar el exceso de empleo público en España y justificar los recortes, que fueron especialmente importantes en el sector. En realidad España no tiene más empleados públicos, si observamos el porcentaje de los mismos sobre el total de población activa. Además el coste de los mismos ronda el 10% del PIB, en la media de la Unión Europea y por debajo de la OCDE. Obviamente los problemas vienen por otros factores, como la falta de modernización de las estructuras, la excesiva estanqueidad de los puestos o la falta de atracción o aprovechamiento del talento.

Empleo en la Administración Pública en porcentaje de la población activa. En azul el porcentaje en 2007 y en verde en 2015.
Fuente Banco de España 2017.

Aunque el nivel de empleo público no se ha recuperado totalmente, está claro que la tendencia se ha invertido en los tres últimos años. Hablando solamente de la administración central del Estado, las cerca de 5.000 plazas convocadas este año han atraído a unos 110.000 candidatos, un 10% más de lo que estimó el Gobierno. Lo mismo está ocurriendo a nivel autonómico. En Castilla-La Mancha se han creado casi 5.000 plazas en sanidad en dos años, mientras en educación se han creado este año unas 1.000 plazas solo hablando de enseñanza secundaria. Sin duda hay un interés cada vez más notable por esta salida profesional.
Y no es una salida sencilla, dado que requiere importantes dosis de tiempo, dinero y motivación. A continuación damos algunas sencillas pistas:

  • Una oposición cuesta dinero. El tiempo empleado en opositar se resta al trabajo, si se tiene, o directamente lo impide. Si además le unimos el posible coste de un temario, una academia o un preparador, los costes aumentan sensiblemente y no todo el mundo tiene el respaldo suficiente. Podemos estudiar una oposición a tiempo parcial o prescindir de los otros elementos indicados, pero en lo que respecta a oposiciones de niveles altos que son las dirigidas a universitarios se convierte en un importante handicap.
  • Las oposiciones de nivel bajo no  son más sencillas que las de alto nivel. Hay menos temario y se pueden preparar en menos tiempo pero el número de candidatos, muchos de ellos muy especializados, y el desconocimiento inicial del sistema de selección hacen aún más improbable que sean superadas. En las de nivel alto, acorde con los estudios del candidato, hay menos competidores porque se exige una titulación y probablemente nos sintamos más cómodos estudiando materias de las que somos expertos y además tenemos recientes.
  • Las oposiciones se ganan o en caso contrario se aprovechan. Si estudiamos una oposición y la tarde o temprano ganamos, es decir sacamos más puntos que el resto y obtenemos la plaza, habremos conseguido el objetivo. No vale solo aprobar, hay que sacar más puntuación que el resto de candidatos. Si por el contrario no se obtiene plaza tendremos una especialización altamente valorable en nuestro sector. Son muchas las firmas de recursos humanos que se dedican a captar antiguos opositores que no han superado las pruebas, dado el valor que sus cualidades y conocimientos tienen en el mercado. Esto no ocurre si hemos estudiado una oposición de nivel bajo o sin relación con nuestros estudios.
  • Estudiar una oposición nada tiene que ver con estudiar una carrera. No hay una recompensa cercana, hay mucha soledad y el equilibrio emocional es tan importante como los conceptos que se estudian. No hay fechas claras, no hay una estimación de plazas clara, no hay exámenes próximos y muchas veces no se conoce ni el sistema de examen ni el temario que estudiar, dado que puede cambiar en cualquier momento.
  • Opositar es un trabajo. Sin remuneración cercana pero un trabajo. Aprender a valorar el esfuerzo de ese trabajo es uno de los principales fallos de los opositores que desisten. Integrar ese trabajo con el resto de tareas diarias es fundamental y bajo ningún concepto el opositor debe aislarse del mundo. Es más, hay que incrementar las relaciones sociales para evitar la sensación que provocan las muchas horas de estudio.
  • Es improbable ganar una oposición sin tener un plan. La organización es clave y carecer de un calendario a respetar incrementa la sensación de inseguridad. Tan importante es establecer el plan de estudios como respetar los necesarios descansos o concretar los puntos de control para saber los avances.
  • En la práctica está el éxito. Buscar y practicar con modelos similares de examen, desarrollar simulaciones de casos prácticos o hacer simulacros de pruebas con seguridad aumentarán las probabilidades de que después las hagamos con acierto. Antes era complicado buscar pruebas o casos prácticos, pero hoy la información se ha generalizado y es muy sencillo que fluya a través de la red.

Desde nuestra posición no podemos establecer un plan común porque cada persona es diferente y sus circunstancias también, pero sí que os podemos ayudar a ordenar las ideas y a que elijáis con suficientes criterios vuestra futura oposición. O a que descartéis definitivamente la idea. Las medias tintas no suelen ser un buen camino y si hablamos de oposiciones, en las que el tiempo medio recomendado de estudio supera el año, aún menos.

2018-04-10T10:52:22+00:00abril 10th, 2018|Oposiciones|