Puede un texto escrito tener tal influencia por su redacción como para ayudar o perjudicar ante una decisión? ¿Se podría descartar a un candidato de un proceso selectivo por sus faltas de ortografía en los documentos de solicitud para el puesto, aunque fuera el más adecuado? Acompáñanos en esta entrada y te contaremos porque consideramos que la respuesta a estas preguntas es un SI.

Hace muchos siglos a las palabras se les concedía tanto poder e importancia, que quien era venturoso de manejarla y controlarla sabía que su vida sería afortunada. Debido a su capacidad de crear, sanar o destruir convertidas en oraciones o maldiciones, en definitiva, podían trazar el camino de la vida.
Actualmente en muchas ocasiones infravaloramos el poder de las palabras, dándole prioridad al contenido más que la forma. Generalmente no lo hacemos de manera conscientemente, pero lo hacemos. Cuando repetimos una misma palabra en una carta de presentación, cuando reducimos nuestro vocabulario a un número mínimo de vocablos, cuando nos comemos un acento u olvidamos una mayúscula, etc. en esos momentos lo estamos haciendo. Pero, cómo explicar este suceso cuando vivimos en la era de la comunicación escrita presente día a día a través de las redes sociales. Generalmente sucede porque confiamos demasiado en el corrector ortográfico, se busca la inmediatez y para ello todo tiene que ser rápido sin pararse en los detalles, a veces escribimos usando el lenguaje de los mensajes de texto abreviados y sin conexión. Porque tenemos la firme convicción que en el fondo nos van a entender, aunque esté mal escrito.
Las consecuencias de esto es la mala imagen que ofrecemos al que nos lee. Imagina qué puede pensar el personal de selección cuando mandamos un currículum con faltas de ortografía, o una carta de presentación en la que no hay una conexión entre los párrafos o igualmente un objetivo profesional donde no queda claro cuál es este; seguramente pensarán de todo, pero posiblemente nada bueno, llegando al punto que se pueda usar como criterio para cribar esa candidatura y quedar excluido del proceso. ¿Por qué?, pues evidentemente alguien que manda como presentación de sí mismo, un documento con falta de rigurosidad, credibilidad, motivación y sobre todo profesionalidad.
La expresión escrita  es una soft skills, competencia blanda, sí, sí, de esas que son solicitadísimas por las empresas para la incorporación a su organización. Un buen manejo de esta capacidad te permitirá poder elaborar herramientas y recursos para ese paso al mundo laboral, entrar en el mercado de trabajo con más facilidad y una vez dentro para desarrollar tu labor profesional con mayor eficiencia. Además, si la dominas, podría ser una habilidad que te diferencia de los demás, ya que habitualmente no es de las más potenciadas por no concederle mucho valor.
Expuestas las razones por las que es ventajoso hacer un esfuerzo y comenzar a trabajarla o potenciarla, si consideramos que está en proceso, llegó el momento de trabajar este aspecto, sobre todo porque nos va a ser muy útil tanto ahora mismo como en el futuro. Prepárate te planteamos una serie de consejos que te servirán para reforzar esta habilidad:

1. AMPLIA TU RED DE PALABRAS. Va a ser muy práctico tanto a nivel escrito, para realizar la carta de presentación o motivación, como oral, para definirnos en una entrevista de trabajo. ¿Cómo podemos hacerlo? Fíjate en lo que escribes, lee mucho y más, busca sinónimos a tu repertorio de vocabulario, reformular las frases que plantees, haz una planificación para adquirir nuevas palabras cada día, etc.

2. PRACTICA, PRACTICA, … Y VUELVE A PRACTICAR. Aprovecha cualquier ocasión para escribir y si es algo diferente mejor. Escribe todos los días, oblígate a ello, por ejemplo, elabora un diario para tu búsqueda de empleo o diseña tu elevator pitch. Después pásale lo que escribas a otros para te den su opinión para que puedas seguir avanzando.

3. PASITO A PASITO. Repasa y corrige tu expresión escrita. Puedes usar el corrector ortográfico como apoyo, pero cuando tengas dudas puedes consultar en webs de asesoramiento ortográfico y/o gramatical, también puedes recurrir a tu entorno profesional para que le echen un vistazo y te asesoren.

4. PONTE NUEVOS RETOS. A medida que vayas avanzando proponte nuevos objetivos, como por ejemplo realiza un blog, personal o profesional, que te obligue a escribir cotidianamente y tengas que buscar nuevos temas cada día. Los comentarios de las personas que lo lean te servirán para mejorar y aprender de los errores.

5. INSISTIR. No desistas, la buena noticia es que las competencias se pueden adquirir o mejorar con el trabajo constante y el empeño y ésta no iba ser menos.

 

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundoLudwig Wittgenstein