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Esta semana por fin se ha cumplido la promesa, realizada antes del verano por parte del Gobierno de Castilla-La Mancha, de convocar un programa de ayudas para la realización de estudios de máster. Las ayudas son importantes, pues van desde los casi 1.100€ hasta los más de 1500€, dependiendo del grado de experimentalidad, y los requisitos no son demasiado exigentes. Hacia muchos años que nuestros egresados no disfrutaban de un programa de estas características, muy habituales a principios de siglo, reconvertidos después en préstamos subvencionados y directamente desaparecidos con la llegada de los años más duros de la crisis.
Estoy seguro de que este programa motivará a muchos de nuestros usuarios para estudiar un máster y la amplia oferta de que disponemos en el presente curso, con 40 másteres oficiales, hará más sencilla la elección. Pero me gustaría que reflexionéis sobre la oportunidad de esta decisión y sus implicaciones futuras. Para empezar ¿cual es realmente el porcentaje de ofertas de trabajo que exigen un posgrado? Según los datos recogidos para el Informe Infoempleo-Adecco 2015 sobre el mercado laboral en España, un 2,8% de las ofertas de empleo generadas en el último año incluyen entre sus requisitos que los candidatos cuenten con titulación de postgrado. Las cifras de nuestro Observatorio de Empleo Universitario están incluso por debajo. Bien es cierto que en muchas ocasiones estar en posesión de un posgrado es valorable, pero en pocas ocasiones se convierte en requisito imprescindible. No olvidemos que España está a la cabeza de Europa en sobrecualificación. El 33% de los jóvenes tiene demasiada formación para su primer trabajo tras concluir la carrera y este porcentaje ha crecido en 5 puntos desde 2010, según los datos del último informe «La contribución de las universidades españolas al desarrollo», de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD), integrada por las grandes empresas del país.

¿Se ha creado en estos tiempos una burbuja en torno a los posgrados? Probablemente sí, provocada por la amplia demanda, y aún sigue creciendo. Con la llegada de los problemas para la inserción en puestos cualificados han aparecido unas evidentes necesidades de formación por cubrir. La competencia entre instituciones es feroz, con la aparición de nuevos centros, academias e incluso universidades, creadas muchas veces con el principal fin de hacerse con una parte del gran pastel formativo del posgrado y que compiten, a veces con ventaja por la juventud de su estructura, con las universidades y los centros tradicionales. La publicidad agresiva y las expectativas de un buen puesto de trabajo en tiempos difíciles hacen el resto.
Los precios para hacer esta formación no son baratos ni en el sector público ni en el privado. Según un estudio elaborado por el Observatori Universitari de Catalunya , España es el séptimo país europeo con los precios más altos de los máster. También destaca nuestro país por el alto porcentaje de estudiantes que pagan los másteres, casi un 70%, frente a cifras cercanas al 20% en otros países. La consecuencia es que el esfuerzo económico de los alumnos y sus familias es cada vez mayor. Aún no hemos llegado a extremos como el de Estados Unidos, donde es habitual el endeudamiento con fines educativos durante décadas, la deuda total supera ampliamente el billón (con b) de euros y se empiezan a ver iniciativas de insumisión financiera como Debt Collective, en la que no solo participan jóvenes, sino también ancianos que aún deben (y no pueden pagar) sus estudios. Mucha atención a este fenómeno que no es para nada descartable.

¿Quiere decir esto que no es recomendable estudiar un máster al concluir los estudios? En absoluto. Quiere decir que tenemos que atender a cada caso concreto. Lo aconsejable es, por una parte, analizar el sector en el que pretendemos trabajar, sus perspectivas y exigencias y las competencias requeridas. Por otra parte se debe atender a la situación de cada persona, sus posibilidades de atrasar su incorporación al mercado, analizar el coste-oportunidad que ofrecen unos determinados estudios y hacer una proyección de futuro de su carrera profesional.

No olvidemos que también es importante el momento en el que se cursan estos estudios. Hay conocimientos impartidos en algunos máster que no tienen aplicación práctica en los primeros años de carrera, pero que sí son importante según el trabajador va tomando puestos de responsabilidad. Se debe valorar si nos interesa formarnos justo al terminar la carrera o más adelante, sabiendo que hay formación adaptada para profesionales en ejercicio.
Además debemos tener en cuenta que hay áreas en las que el estudio de un posgrado puede ser más valorado, multiplicándose hasta por 10 el nivel de exigencia en las empresas, según se observa en el mismo informe Infoempleo-Adecco antes citado. Este fenómeno se observa especialmente en la asesoría jurídica, el marketing, los recursos humanos, la administración de empresas o la calidad. En otros casos, como en los estudios de ingeniería, la difícil e incierta aplicación de las atribuciones profesionales de los nuevos grados en el mercado abocan en muchos casos casi directamente al posgrado e incrementan el número de programas. Y por supuesto aún no hemos tocado techo en este rápido crecimiento, dado que la nueva vuelta de tuerca con los pretendidos grados de tres años abonan aún más el terreno formativo.

Y si al final la conclusión es que sí debemos estudiar un posgrado ¿hay algunas pautas para saber elegir un buen máster? Claro que si. Lo primero que debes hacer es poner en común tus habilidades y competencias con los estudios deseados. Si tras estudiar Derecho eliges un máster de acceso a la abogacía deberás saber que la capacidad de oratoria, las habilidades de negociación y la persuasión son cualidades que te harán triunfar más allá del título. Si careces de ellas tus posibilidades decaen y es posible que debas pensar en otras opciones.
Lo segundo que debes hacer es descartar programas que no se ajusten a tus expectativas. Si te planteas hacer un máster de investigación, y después no quieres continuar con un doctorado, debes saber que puede ser útil para adquirir conocimientos pero tal vez tengas mejores opciones si hablamos de aplicabilidad de los conocimientos en la empresa.
Para hacerte una idea lo ideal es preguntar a antiguos alumnos del máster elegido y a las empresas en que previsiblemente podrías trabajar tras cursarlo sobre el grado de empleabilidad que tiene el programa. Las redes sociales ganan fuerza para buscar este tipo de información. También es aconsejable que le eches un vistazo al claustro de profesores: experiencia, formación, orientación y relaciones con la empresa privada. Por supuesto, ni se te ocurra matricularte sin antes haber analizado convenientemente los contenidos y el sistema de formación propuesto: clases, sistema de docencia, posibles prácticas externas, bolsa de trabajo, etc. La cercanía del programa al mundo real es fundamental a la hora de realizar la elección.
Si decides confiar en la UCLM para tu posgrado, aparte de ser una gran decisión porque estarás en tu casa, ten por seguro que intentaremos, como siempre, ayudarte en todo lo que podamos para que tengas éxito.
Y no olvides aprovechar el tiempo que dura el máster para complementar tus competencias para reforzar tu empleabilidad: aprendizaje de idiomas, desarrollo de contactos, refuerzo de posicionamiento digital, conocimiento de los sectores de actividad,etc..

Suerte con tu elección (o tu no elección)


Por Javier Pineda, técnico del CIPE