Aquellos años en los que todo el mundo quería opositar

//Aquellos años en los que todo el mundo quería opositar

Hubo un tiempo en que la preparación de pruebas de acceso al empleo público se llevaba gran parte de la orientación que hacíamos en el CIPE. Eran los primeros años de la pasada década y las oposiciones eran un tema recurrente en nuestro trabajo. Incluso aquellos recién egresados que no tenían esta opción como principal se planteaban en algún momento de su búsqueda recopilar temarios y preparar alguna prueba de acceso, aunque fuera un contrato temporal de bajo nivel.
Eran años con una tasa de desempleo residual entre los universitarios que en muchas ocasiones ni siquiera llegaba al 5% y en los que algunas plazas de empleo público quedaban desiertas por falta de candidatos. De hecho algunas plazas se tenían que sacar como genéricas por el riesgo de no encontrar candidatos con estudios específicos, sobre todo en áreas técnicas. Hoy nos resulta sorprendente pero así ocurría.
Después llegó la crisis, en torno a 2007/2008, la tasa de desempleo aumentó espectacularmente y el empleo público pasó a ser, aún más si cabe, la estrella. En aquel momento organizábamos charlas específicas de varias horas, preparábamos materiales para aconsejar lo mejor posible a nuestros usuarios y las entrevistas individuales de orientación sobre este tema coparon nuestras agendas. De forma paralela las diversas Administraciones, acuciadas por la deuda, comenzaron a recortar sus ofertas de empleo público. Lo que eran tasas de reposición por encima del 100% (por cada 100 empleados que se van entran otros 100) pasaron en poco tiempo a ser del 0%. A menos oferta de plazas, menos opositores interesados en prepararlas. Y el empleo público dejó literalmente de existir entre los temas por los que se interesaban nuestros usuarios, pasando a ser el empleo en el extranjero el nuevo tema estrella.
¿Está cambiando la tendencia siete años después? Todo apunta a que 2015 ha supuesto un modesto cambio de tendencia. Los empleados públicos en España han aumentado 36.200 personas desde el primer trimestre de 2014, fenómeno que no ocurría desde principios de 2011. Y la administración local y autonómica es la que ha creado más puestos. Cierto es que gran parte de esos contratos son temporales y que 2015, como 2011, es un año electoral, pero también podemos ver como la administración central asume en la nueva Ley de Presupuestos Generales del Estado 2015 tasas de reposición en algunos servicios. Estos son: Administraciones Públicas contra el fraude fiscal y laboral, Asesoramiento Jurídico y gestión de recursos públicos, Administración penitenciaria, Educación, Fuerzas Armadas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Investigación, Justicia, Sanidad, seguridad área, seguridad nuclear y Supervisión e inspección de Mercados de valores.
Vale, ya sé que a finales de año también habrá elecciones generales, pero hay dos factores que nos tienen que animar: son demasiados años sin crearse de plazas como para que la propia administración pueda seguir soportándolo y las plazas más necesarias e insustituibles son las de mayor cualificación.
¿Ha llegado el momento de estudiar una oposición? La competencia es dura, es una decisión que marca el devenir profesional y cada caso particular es diferente. Pero una cosa debemos tener clara: estudiar una oposición no tiene nada que ver con estudiar una carrera. No se compite contra un temario, sino con otras personas y la meta es ocupar unas plazas escasas. Además existe una gran incertidumbre, ya que es inviable ponerse a estudiar una oposición de cierto nivel cuando es convocada por la escasez de tiempo: debe ser un proceso anticipado que no asegura que el temario, tipo de examen o número de plazas se ajuste a lo esperado.
Ya que hay que estudiar durante un periodo amplio para acceder a las pruebas con un mínimo de garantías, es aconsejable un mínimo de un año para un grupo A1/A2 y probablemente más en muchos casos, lo ideal es elegir una oposición y un temario con el que nos encontremos especialmente a gusto. Es frecuente el error entre los universitarios de preparar oposiciones de un nivel inferior al nivel académico obtenido. A menos nivel, grupos C o D, mayor es la competencia y menos podremos demostrar nuestros estudios superiores. Además el sueldo siempre será muy inferior y terminaremos trabajando en algo para lo que no hemos estudiado, que probablemente aunque nos de seguridad no nos guste y que haga que nos sintamos profesionalmente frustrados en poco tiempo.
Planificar una oposición implica elegir en base a convocatorias anteriores que tipo de oposición se ajusta más a nuestros gustos o necesidades, determinar cuál va a ser el sistema de preparación elegido (temario propio o comprado, estudio en academia, preparadores, autopreparación…) y marcar un planning estricto de estudio que abarque el tiempo que nos separa de la fecha estimada de pruebas. Lógicamente seguridad absoluta nunca tendremos, pero cuanto más acotemos los posibles acontecimientos mejor entorno de estudio vamos a disfrutar y mejores resultados obtendremos.
Y sobre todo deberemos ser realistas: estudiar una oposición de alto nivel a tiempo parcial, mientras trabajamos o estudiamos un master/carrera, es bastante complicado. Estudiar una oposición a tiempo completo sin recursos económicos se hace imposible. Al final las circunstancias personales marcan nuestra decisión. Es por ello que cuantos menos pasos en falso demos, cuanto más convencidos estemos de nuestras posibilidades y más seguros estemos de nuestra decisión, más factibles serán de conseguir los objetivos planteados.
Y como siempre, si tienes dudas sobre tu futuro profesional, cuenta con nosotros. Ven e intentaremos ayudarte todo lo que podamos, también a la hora de planificar una oposición.

2017-03-06T12:31:00+00:00 mayo 15th, 2015|Oposiciones|