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Si no se la plantean como un entramado dramático de enjundia, puede que disfruten bastante de esta prima hermana de EL LOBO DE WALL STREET ambientada en el mundillo de la aviación en vez del gran templo del mercado financiero, aunque en ambas los negocios ilegales al por mayor constituyan su nudo gordiano principal y su nexo común. Las dos películas abordan el sueño americano en sus delirios y excesos más salvajes. El Jordan Belfort de aquélla es un individuo tan amoral  y avaricioso como este Barry Seal al que encarna con jovialidad y entusiasmo un Tom Cruise inasequible al desaliento y al paso de los años (55 espléndidamente llevados). Por supuesto, la obra de Scorsese está un escalón por encima, pero esta no merece desdén alguno.

El que fuera carismático Maverick –otro piloto también aunque en su vertiente militar y no en la más “comercial” de esta otra propuesta-  parece haber hecho un pacto con el diablo para que el tiempo transcurrido desde la ochentera TOP GUN/ÍDOLOS DEL AIRE apenas se note, Se entrega al cien por cien con ese individuo todo adrenalina, prácticamente con el mismo vigor de entonces, hasta el punto de que en algún momento casi resulta tan extenuante como él. Acapara pantalla en todo momento, vuelve a sacar sus galones de estrella, se muestra en plena forma y apenas se desprende, como en el pasado, de sus inevitables ray-ban.

Ha encontrado un muy buen socio en el director Doug Liman, el encargado de firmar la primera entrega de la magnífica saga JASON BOURNE,  con el que ya tuviera una primera toma de contacto hace tres años con la más que curiosa propuesta de ciencia-ficción titulada AL FILO DEL MAÑANA. En el horizonte tienen otros dos proyectos en común.

Consiguen, en un elevado porcentaje, imprimir a una historia tan seria y trágica como la aquí expuesta un aire divertido y ligero, que no superficial, lo cual resulta muy de agradecer. Se desenvuelven dentro del terreno de la sátira sin pasarse del todo, manteniendo la credibilidad de los hechos narrados. Tiran de brillantez, ironía y un sentido del humor que no acaba de anular la gravedad de lo que se ve en pantalla. Alguien ha apuntado ciertas influencias tonales de UNO DE LOS NUESTROS y me parece adecuada la comparativa. Pero por ponerles un ejemplo más directo y reciente, conecta igualmente con la estupenda JUEGO DE ARMAS, disfrutada el pasado 2016.

Ello sin menoscabo de ser contemplada como un retrato de las relaciones subterráneas entre Estados Unidos y Centro y Sudamérica entre finales de los 70 y mediados de los 80, casi una década de importantes acontecimientos a propósito de narcotráfico y tráficos de armas, relacionados con los servicios secretos, con la CIA y con las más altas instancias de la Casa Blanca.

Utilizando imágenes de archivo, por la pantalla desfilan presidentes como Carter, Reagan  (se da breve pero cumplida cuenta del Irangate y del papel jugado por el militar Oliver North), Bush padre o Clinton cuando era gobernador de Arkansas. También de los tristemente famosos miembros del Cártel de Medellín, Pablo Escobar, Jorge Ochoa y Carlos Lehder.

Añadan a todo esto un colorista “look”, característico de la época evocada, que le acaba confiriendo a esta más que solvente producción un estimulante añadido. Ah… y si quieren molestarse en buscar las fotografías del Barry Seal verdadero se encontrarán con que físicamente nada tenía que ver –gordote, con cara de pocos amigos- con el dentífrico y omnipresente actor que lo encarna. Son esas cosas de Hollywood que muchos aceptamos de buen grado si a cambio se nos compensa con propuestas tan atractivas y entretenidas como ésta.

Es francamente brillante, no moraliza y me resulta llamativa Sarah Wright en el rol de esposa de Cruise.

José Luis Vázquez