Julián Pacheco: diálogos

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Julián Pacheco: diálogos


Celebración:

Cuenca, del 27 de septiembre al 4 de noviembre
Aula Cultural Universidad Abierta
Calle Colmillo – Cuenca


Horario de apertura:

  • de miércoles a viernes, de 16:30 a 19:30 h.
  • Sábado y domingo, de 10,30 a 14,00 h. y de 16:30 a 19:30 h.

“Lo que ofrece la pintura de Julián Pacheco, no es ni especulación
intelectualista ni recursos a la intimidad (…) sino que él nos ofrece
aspectos del mundo que nos circunda, fragmentos de realidad, aspecto
del tiempo y del paso de los hombres”

(Vicente Aguilera Cerni)

Pintor-cronista por elección personal Julián Pacheco (Cuenca 1937 – Cuenca 2000) mantuvo desde siempre en y con su obra  un tú a tú permanente con la realidad que le tocó vivir. Un tú a tú siempre, eso sí, crítico, fruto de una toma de posición, la estética al servicio de la ética, que le llevaría a autodefinirse como un cronista de la contrainformación – “realidad y conciencia son entidades que dialécticamente interactúan” escribiría en su momento Jesús Cotillas hablando de su obra –  a su vez coherentemente apoyado en, dado tal planteamiento, una lógica consideración del arte como lenguaje; una consideración que le condujo a desarrollar un quehacer artístico concebido por tanto no sólo como expresión formal puramente icónica sino también, incluso esencialmente, como vehículo de comunicación, en el que la preocupación y la crítica social, codo a codo con la más aguda ironía, se expresaron mediante una concreción formal hermana de las vanguardias de su tiempo. Una consideración que, por tanto, le llevó a emplear todos los recursos formales expresivos a su alcance, de – por emplear los términos acuñados por la estudiosa de su obra Sol Caldito – la figuración matérica de sus “muros” a la pop-expresiva de sus escenas más descarada y directamente satíricas o a la abstracción surreal-primitivista de otros de sus trabajos, en un doble diálogo a la par con la sociedad y consigo mismo bajo cuya tensión latían a su vez, conformándolo, toda otra serie de intercambios dialógicos: el inevitable entre pasión e intelecto; el establecido entre su condición de artista crítico y su paralelo concepto, sin embargo, lúdico de la existencia; el que su condición de, durante años, “transterrado” – por usar la terminología del filósofo José Gaos  – estableciera entre sus raíces hispanas y sus vivencias francesas y, sobre todo, italianas como exiliado; o el establecido, en genésica tensión, entre lo ambiguo y lo concreto de una semántica aparentemente inconexa pero fecundamente comunicadora.

Dentro de ese juego de diálogos habría también que ubicar el establecido, dentro de su propia producción, entre el quehacer más estrictamente pictórico y la obra gráfica, una modalidad expresiva especialmente adecuada, evidentemente, para esa aludida condición de cronista crítico del artista, que Pacheco incorpora con fuerza a su bagaje como resultado de su estancia en la localidad italiana de Urbino; un diálogo que, dentro de la nutrida panoplia de los existentes en su trayectoria, es en la que especialmente, sin dar de mano, colateralmente, otros aspectos de su quehacer, se centra esta exposición. Un diálogo que a su vez propiciaría, en fecundo viaje de ida y vuelta, otro tú a tú, en este caso artístico-geográfico, entre la citada población italiana y su ciudad natal con, tras su regreso a ella finales de los años setenta, los cursos llevados a cabo en el Taller-Escuela de Grabado creado en las dependencias del Museo de Cuenca regido por Manuel Osuna Ruiz, cuya actividad se extendió y complementó con múltiples actividades, tanto en la propia ciudad como en otros puntos de la provincia, originando o potenciando la incorporación a ese modo expresivo de toda una serie de artistas nacidos o afincados en el territorio conquense – algunos incluso cursaron a su vez enseñanzas en la propia población italiana – en fértil logro que, al contrario de lo que por desgracia ocurriera con la propia actividad que lo generara, iba a perdurar hasta hoy mismo y que, junto a la vigorosa dinámica  anteriormente generada en la ciudad por la apertura años antes por Fernando Zóbel de la Colección de Arte Abstracto Español, contribuyeron sin duda al asentamiento en el campus conquense  de la propia Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla la Mancha que organiza esta muestra.

José Ángel García

2018-10-02T13:50:51+00:00