HISTORIA DEL CENTRO

Don Francisco Antonio de Lorenzana y Buitrón, nacido el 22 de septiembre de 1722 en la ciudad de León, ilustrado eclesiástico, de gran inquietud intelectual y admirador de la cultura, impulsó numerosos proyectos de desarrollo en favor de la sociedad, relacionados todos con ellos con la mejora de la situación social desde el seno de la Iglesia.

Lorenzana demostró una importante formación ante esa admiración por el saber, pasando por diferentes centros como fue su paso por la Universidad de Burgo de Osma, Valladolid y finalmente la Universidad de Salamanca, en la que completo finalmente sus estudios. Adquirió por oposición la canonjía de doctoral en la Catedral de Sigüenza en 1750, encarándose de la administración junto la asesoría jurídica al Cabildo y la capellanía del hospital de San Mateo. En 1751 recibió la ordenación sacerdotal, y desde ese momento se aprecia el carácter activo y de incesante deseo de mejora que le hicieron darse a conocer en el ámbito eclesiástico. En 1754 el arzobispo de Toledo, el Cardenal – Infante D. Luis Antonio de Borbón le concede una canonjía de gracia en la Catedral de Toledo, y tras once años de su llegada a la ciudad de Toledo, es nombrado obispo de Plasencia. Finalmente, el 27 de enero de 1772 es nombrado arzobispo de Toledo, y el 7 de diciembre se le concede la Cruz de la Real y distinguida Orden de Carlos III, y en 1789 es nombrado cardenal de la Iglesia por Pio VI.

Su labor en la ciudad de Toledo se caracterizó por el desarrollo y la mejora de las infraestructuras que configuraban el espacio a través de diferentes obras, como la ampliación y la apertura al público de la Biblioteca Arzobispal, la Biblioteca Capitular de la catedral, así como la renovación del rito mozárabe con la reimpresión del modelo editado por el cardenal Cisneros en el siglo XVI ante su singularidad.

Fueron muchas las contribuciones que el cardenal dejó a su paso por la ciudad, una de las más significativas fue la edificación del imponente edificio sobre el que se ubicaba la notoria  Universidad de Santa Catalina y actual sede del Vicerrectorado de la Universidad de Castilla – La Mancha y del Centro de Investigación de Estudios Europeos Luis Ortega Álvarez. Para llevar a cabo tal labor, contó con los servicios del famoso arquitecto Ignacio Haan, que remodeló el edificio primigenio para adaptarlos a las exigencias del cardenal para configurar todo un espacio dedicado al conocimiento.

El proyecto se puso en marcha en 1796, unificando las casas, cárceles y residencia de la Inquisición, junto con la modificación de sus alrededores, especialmente la calle Cardenal Lorenzana. Para llevar a cabo el exuberante edificio, el arquitecto se inspiró en la arquitectura de la antigüedad clásico, construyendo un edificio con una entrada colosal compuestas de columnas jónicas y estatuas clásicas insertas en sus muros exteriores, coronado por el escudo de armas del cardenal Lorenzana y custodiado por dos ángeles tocando el clarín de la fama. El patio central, a partir del cual se organizaban las diferentes estancias, simulaba el ágora de las ciudades de la antigua Grecia donde se reunían para llevar discutir y exponer sus pensamientos.

Dentro de este recinto se encontraba el paraninfo, donde se llevaban a cabo tanto funciones religiosas como profanas, realizada con una exuberante bóveda de medico cañón decorada con floridos casetones, al igual que la significativa biblioteca que atesoraba.

El 22 de abril de 1799 se inauguraba el edificio, acto encabezado por el infante D. Luis María de Borbón, alumno del cardenal y futuro arzobispo de Toledo, el cual fue celebrado sin su presencia debido a su estancia por aquel entonces en Roma con el fin de solventar los problemas que se estaban gestando alrededor de la figura de Godoy y el incesante avance francés.

El fin del protector de la cultura y el desarrollo tuvo lugar a finales del siglo XVIII, momento en el que tuvo que renunciar a su cargo como arzobispo de Toledo en favor del primo de Carlos IV y el destierro en Roma del que fue víctima, ciudad en la que falleció el 17 de abril de 1804, poniendo fin a la intensa labor que llevo a cabo a favor de la ciencia y la cultura como rectoras de los hombres.