“Ser Bibliotecario Hoy”, por Milagros del Corral

Por ser de interés general, se reproduce un extracto del interesante artículo de Dª Milagros del Corral, Directora de la Biblioteca Nacional de España en el catálogo de la Exposición “Sic vos non vobis”, conmemorando el 150 aniversario de la Creación del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos del Estado.

Hace 150 años se creaba el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos con la misión de preservar y difundir el rico patrimonio bibliográfico, documental y artístico de nuestro país. No es que antes no hubiera bibliotecarios en el mundo. Claro que los hubo. […] Pero ahora se trata de España y del aniversario de la creación de uno de los más antiguos cuerpos especiales de la función pública, que viene a definir los perfiles profesionales de tan antigua tarea a la que tanto debe el estudio y la investigación. […]
La misión del bibliotecario, a la que Ortega y Gasset dedicara un corto pero interesante ensayo con ese título, no ha cambiado. La que sí ha cambiado, y mucho, ha sido nuestra profesión a lo largo de los últimos 150 años de su reconocimiento oficial. Más aún a lo largo de la casi tres veces centenaria historia de la Biblioteca Nacional. […]. En aquellos tiempos, que coinciden con la incorporación profesional de muchos de nosotros hoy todavía en activo, la profesión bibliotecaria concentraba sus preocupaciones más en el tratamiento y estudio de las colecciones y de sus contenidos que en las necesidades de los usuarios, pocos de los cuales tenían acceso a un miembro del Cuerpo Facultativo.
Tan extraña situación, bien distinta a cuanto acontecía ya entonces en gran número de bibliotecas europeas, forma hoy parte de un pasado de luces y sombras que en nada se parece a la vida actual de los profesionales de las bibliotecas aun cuando quede aún un buen trecho por recorrer para que nuestros centros se incorporen de lleno al siglo XXI.
Nuevas generaciones de profesionales han impulsado gradualmente el cambio que ha afectado positivamente a las instalaciones, a las colecciones, a los presupuestos, a los procesos del trabajo, a la preocupación por los usuarios y a la propia idea que tenemos de nosotros mismos y de nuestro quehacer profesional.
El cambio que queda aún por hacer tiene que ver con la imagen social del bibliotecario en España, todavía más próxima a estereotipos del pasado que a la realidad presente. Porque lo cierto es que, como tantas otras profesiones, la del bibliotecario se ha visto sacudida por el imparable tsunami tecnológico y está aprendiendo a marchas forzadas a trabajar de forma multidisciplinar. Aquellos antiguos ficheros, con fichas aún primorosamente escritas a mano hoy todavía inspiran cierta nostalgia a quienes peinamos canas, pero en la mayoría de los casos ya no son sino elementos decorativos, casi objetos de museo.
Ahora el proceso técnico se ha racionalizado sustancialmente en una búsqueda constante de acortar los plazos en que el libro puede ser accesible y de optimizar resultados gracias a la cooperación interbibliotecaria procurando evitar la multicatalogación y multiclasificación de aquellas obras cuyos registros bibliográficos están ya en la red y pueden ser descargados con un clic de ratón. Ahora el usuario ha pasado a ser objeto de estudio y la preocupación mayor de los bibliotecarios es dar respuesta puntual y adecuada a sus nuevas expectativas y necesidades.
En el binomio colección/usuario, cuya intersección ocupa el bibliotecario, cambió primero el usuario. De la mano de Internet y de los buscadores “estrella”, el usuario ha aprendido – o cree haberlo hecho – a encontrar por sí solo ingentes cantidades de información sobre cualquier tema. Demasiado ingentes casi siempre para ser útiles. Demasiado diversas en sus orígenes, además de anónimas, para ser fiables. De acuerdo. Pero tan tentadoras ofertas han cambiado su percepción acerca del acceso a la cultura y el usuario ahora exige una información completa, veraz, pertinente, inmediata, servida a domicilio y, por supuesto, gratuita. Y además este cambio de percepción se ha producido en un tiempo record.
También ha cambiado la percepción pública en cuanto al respeto al patrimonio en general y las bibliotecas españolas – sobre todo aquellas que cuentan con importantes colecciones patrimoniales- han venido tecnificando su adecuada conservación y preservación en los depósitos encontrando en la digitalización un aliado de excelencia, que además permite una difusión sin precedentes del fondo antiguo.
Procesar, preservar y promover estas colecciones, atender en las Salas de Consulta a los lectores e investigadores presenciales, responder a las cuestiones formuladas a distancia por los internautas pero también difundir y promover las colecciones mediante exposiciones, publicaciones y actividades culturales, son otras tantas tareas inscritas en el núcleo duro de la actividad de los bibliotecarios […]. Las funciones del personal de la biblioteca se extienden a la administración, informática, mantenimiento y seguridad de los edificios; a la planificación de obras de construcción; a la atención e información de usuarios, a la gestión de derechos de autor y a la organización de actividades culturales para adultos, jóvenes y niños incluyendo las realizadas por el Museo de la Biblioteca; y, por supuesto, a las relaciones institucionales e internacionales del centro, cada día más intensas y diversificadas.
Pero, salvo por lo que respectada a las abultadas cifras de la Biblioteca Nacional, nada de ello constituye propiamente una excepción por lo que se refiere al tipo de cometidos que cualquier bibliotecario desarrolla habitualmente. Ser bibliotecario hoy requiere vivir con su tiempo mirando al futuro con la vista puesta en el retrovisor. Ser bibliotecario facultativo hoy es saber gestionar y preservar colecciones – a las que hoy se añaden las de los frágiles y vulnerables objetos digitales – administrar recursos económicos, gestionar equipos humanos, manejar varios idiomas, ser especialista y generalista y saber moverse con naturalidad entre varias disciplinas aparentemente ajenas a nuestra profesión y a nuestra formación, tales como la automatización, la digitalización, la arquitectura, la seguridad o el derecho, sin dejar de lado la psicología del lector ni perder de vista la respiración cultural de nuestra época.
El bibliotecario hoy es un promotor creativo del libro y un animador de la lectura, un tecnólogo atento a la gestión óptima de la información pero también a la vertiginosa evolución de las tecnologías y a la aparición de nuevas soluciones de gestión bibliotecaria y de equipos de seguridad, un avezado experto en estadísticas comparadas, un interlocutor válido para informáticos, arquitectos, juristas, diseñadores, periodistas… pero también un experto en relaciones públicas y un aprendiz de diplomático en los foros internacionales en los que se dirimen importantes proyectos de carácter profesional que nos atañen. Y, sobre todo, psicólogo para atender a una amplia gama de usuarios, desde niños de corta edad que todavía no saben leer hasta prestigiosos investigadores que detestan utilizar lectores de microfilm u objetos digitales y esperan encontrar en el bibliotecario un auténtico cómplice de su sofisticada investigación en curso.
En pleno siglo XXI es también necesario acercar las bibliotecas a todos los ciudadanos, hacerlas transparentes y atractivas a sus ojos, desarrollar el interés público por el patrimonio bibliográfico y documental, y la conciencia social de la importancia de su preservación y de su traspaso a las generaciones futuras. Y ello porque el patrimonio es un proceso acumulativo que no conoce fronteras temporales. Es hoy el de ayer, y mañana lo será también el de hoy, incluyendo las obras de creación que ya “nacen digitales” y probablemente no conocerán nunca otro soporte.
La consecuencia previsible del tsunami tecnológico que nos invade será la reducción gradual del número de lectores e investigadores presenciales mientras que una magnitud impensable de nuevos usuarios remotos, cada vez más globales y habituados a las tecnologías, reclamará nuevos servicios personalizados hasta ahora inimaginables y todavía inimaginados. Se trata, pues, de avanzar simultáneamente en un mejor conocimiento de las nuevas necesidades de los usuarios e innovar en la concepción y ejecución de nuevos servicios, virtuales y convencionales, en respuesta a las demandas y expectativas detectadas.
Entre las múltiples nuevas tareas a realizar gana cada día mayor importancia la captación de nuevos públicos, presenciales y virtuales, sobre todo jóvenes que corren el riesgo de ignorar la cultura de lo impreso, en quienes despertar talentos creativos y vocaciones de estudio e investigación. Nuestras exposiciones, debates, talleres, jornadas, encuentros de toda índole y nuevas modalidades de relación fluida con los medios de comunicación deben poner el énfasis en quienes serán los estudiosos, los investigadores, los científicos y los líderes del mañana.
Todos debemos ser conscientes de que, en la era de las bibliotecas digitales capaces de constituir colecciones virtuales sobre la base del “diálogo” entre máquinas, la importancia de las bibliotecas no estará ya tanto ligada a la riqueza de las colecciones que custodian sino, sobre todo, a la calidad y variedad de servicios que proponen. El concepto de “competitividad” será así cada día más relevante para el futuro de nuestra profesión a lo largo del siglo XXI si queremos estar a la altura de la noble misión que nos ha sido encomendada y de la utilidad social de nuestra función hoy, mañana y en todos los tiempos.
Milagros del Corral
Directora General de la Biblioteca Nacional de España
para saber más:
Sobre la Exposición “Sic Vos non Vobis” en la BNE
Sobre el 150 Aniversario del Cuerpo Facultativo del Estado
Ficha ExIT de Milagros Del Corral
Sobre la figura del Director de la BNE, en Documentados
El artículo reseñado, a texto completo en FaceBook, un recurso 2.0 también para bibliotecas
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