UNAS HORAS CON CHRIS STEWART

“Si hubiera triunfado en el rock nunca habría llegado a realizar mi sueño de esquilar ovejas, me encanta esquilar ovejas”.

               Así es Chris Stewart, una persona que dice que no le parece relevante su paso por el célebre grupo de música Génesis, una persona que inhala presente y exhala pasado. Ayer tarde pasamos con él un rato inolvidable, llevados por su optimismo y cordialidad a las anécdotas de sus libros, a su pasión por la vida sencilla que lleva en el cortijo El Valero.

                A la reunión de ayer invitamos también a compañeros y al club de lectura de la Biblioteca Pública. Ante las deliciosas tartas y rollos, hechos por compañeras del club con mucho limón (recordad que sus dos primeros libros, los que hemos leído este verano, se titulan: Entre limones y El loro en el limonero), y degustando infusiones y tés de jengibre, limón y regaliz (recordad que nuestro Club de lectura se llama El sabor de la lectura), la coordinadora del club, Pilar Alcón, presentó al autor de tal manera que Chris le preguntó de dónde había sacado la información, ya que hizo mención a detalles de su vida que no eran apenas conocidos.

                Luego Chris se levantó y nos sedujo con su cordialidad y empatía. Hubo muchas preguntas, y muchas otras quedaron en el tintero, ya que Chris no necesitaba apenas que le diéramos pie para hablar con entusiasmo de los personajes de sus libros, de los hechos que narra (“ninguno inventado, porque la realidad es mucho más apasionante y divertida que lo que puedas imaginar”), de su mirada llana y llena de humor con la que consigue que todo lo que nos cuenta sea vívido a la vez que vivido.

               Chris nos invitó a salir de nuestra cultura y adentrarnos en otras, nos animó a disfrutar (como si fuera un Francisco de Asís redivivo) de las pequeñas cosas baratas y sencillas, y de la naturaleza, tan desprestigiada en las ciudades.

               Chris, cuyo empuje le ha llevado a los más diferentes oficios y países,  dice que “tal vez escribir haya sido la mejor decisión de su vida”, y aunque esa decisión la haya tomado “en el crepúsculo de vida”, (le encanta la palabra crepúsculo), todos estuvimos de acuerdo con él. En esa y en tantas cosas.

                Hoy viajan hacia El Valero, su cortijo, miembros de los clubs de lectura de Albacete y Cuenca, gracias a la entrega y a la organización impecable, como siempre, de Pilar Alcón, y la ayuda de Paloma Martínez. Sin duda un viaje para recordar.

XIII CONCURSO DE HAIKU DE LA BIBLIOTECA

A las 19 horas del miércoles, 24 de abril de 2019, el jurado del XIII Concurso de Haiku de la Biblioteca General del Campus de Albacete, compuesto por Toñi Martínez, Elías Rovira y Frutos Soriano, emite el siguiente fallo:

Primer premio: Ana María López Navajas, por su haiku

Amarillea una bolsa
entre hojas verdes.
Árbol del amor.

Un haiku que nos provoca una emoción que en Japón se denomina wabi-sabi: la belleza de lo imperfecto, lo roto, lo que comunmente nos pasa inadvertido. En este caso una bolsa amarilla (o amarillenta) que destaca entre las hojas verdes del árbol del amor o árbol de Judas. Haiku muy difícil de captar, lo cual nos habla de una autora ya madura para sentir el haiku y compartirlo.

Segundo premio: Alberto Yagüe, por su haiku

puesta de sol-
en la nube de mosquitos
la libélula

Haiku que apela al sentido de la vista y del tacto: los colores del crepúsculo, la mirada atenta para ver la libélula entre la nube de mosquitos, el calor o la humedad -o ambas cosas- que ocasionan que esa nube zumbe y revolotee sin cesar. Un haiku elegante y sobrio. No sobra ni falta nada en él.

Tercer premio: José Eugenio Mañas, por su haiku

Día de Feria.
El olor de mi madre
entre la gente.

Haiku de sabor humano, cercano al senryu. Se aleja de este porque no adopta un tono humorístico, sino amoroso, atávico, místico.

Se han decidido conceder accesit al haiku:

Cae la nieve
sobre el tejado viejo.
Patio sin plantas.

Su autora, Antonia Martínez, ha experimentado un asombro difícil de captar, a no ser que ya lleves tiempo ahondando en el haiku y transitando su camino. Un tejado viejo y un patio sin plantas no son algo bello de por sí, pero en este haiku nos emocionan, quizá porque la nieve cae sobre ellos sin hacer distinciones, al igual que cae sobre la montaña o sobre un rosal.
Dada la cantidad de senryus de calidad presentados, se ha decidido conceder dos accésit de senryu:

La niña tranquila.
La gaviota se lleva
su bocadillo.

Un senryu de Nacho Andreu Alfaro, del Instituto de Enseñanza Secundaria Andrés de Vandelvira, que cumple con lo que hemos de pedirle a un buen senryu: temática humana y humor. Expresión muy conseguida. Podría incluso mejorar si se suprimiese el primer artículo.

La pelusilla
se metió entre los muebles.
Es primavera.

Otro senryu que nos suscita una sonrisa nada más leerlo. Marina Moreno Abiétar, del IES Andrés de Vandelvira, ha sabido dar en la diana. Todo merece formar parte de un haiku y un senryu. También esta pelusilla con la que juega la brisa de primavera.

No podíamos dejar pasar, entre tantos buenos haikus de autores jóvenes enviados, el siguiente haiku, al cual se decide igualmente otorgar un accésit:

Es muy tranquila
la voz de la abuela
al despertarme

escrito por dos autoras: Lucía Fernández Barnés y María Fernández Martínez, del IES Andrés de Vandelvira. Aunque el haiku es un género más hecho para las emociones que para los sentimientos, este haiku es una hermosa excepción a la regla. Quizá por la sencillez extrema con que expresa estos sentimientos, sencillez formal que nos sobrecoge, nos toca el corazón.

Y finalmente nos alegra premiar a alguien todavía más joven. El accésit al mejor haiku infantil es para :

La mariquita
¡se ha comido los pétalos
de aquella rosa!

de Irene Pedreño Ortiz -diez años- que nos manda este haiku desde el Colegio Público Doctor Fleming. Un haiku que rebosa autenticidad. No hay en él más que verdad, la verdad milagrosa y tan natural de la infancia. Felicidades, Irene.

Gracias, un año más, a la Librería Popular, por su patrocinio, al jurado y a la vicerrectora Ángela González por su apoyo.

Escrito por Frutos Soriano, reconocido haiyin, expresidente de la AGHA, Asociación de Gente del Haiku de Albacete y compañero bibliotecario.