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TFGs y divulgación científica: un vídeo sobre discalculia


En junio de 2018, Cecilia Yalj, estudiante de Logopedia de la UCLM, se graduó con la presentación de su Trabajo de Fin de Grado titulado Desarrollo de un vídeo divulgativo sobre discalculia. El trabajo obtuvo una calificación de sobresaliente y consistía en una memoria en la que Cecilia exponía todo el trabajo teórico que hay detrás del vídeo producido y justificaba su necesidad.

La discalculia es una dificultad de aprendizaje que tiene que ver con la capacidad de manejar cantidades y realizar cálculos aritméticos. Dada la importancia que tienen las matemáticas en nuestro sistema educativo, esta dificultad puede derivar en fracaso escolar si no se detecta y se interviene de manera temprana.

Este TFG se desarrolló dentro de la modalidad de «diseño de productos» en el Grado en Logopedia de la UCLM. Esta modalidad es una propuesta novedosa que va más allá de las clásicas revisiones bibliográficas o proyectos de investigación que suelen realizar nuestros estudiantes. Hasta el momento, han sido muy pocos los proyectos que se han desarrollado dentro de esta modalidad, pero creemos que puede ser muy productiva y dar frutos muy interesantes.

En este enlace podéis ver el magnífico vídeo elaborado por Cecilia Yanj.

¡Enhorabuena!

Escribir en la Universidad: no solo una cuestión de redacción

Pensemos en todos los textos que hemos escrito a lo largo de nuestra vida. En la escuela, escribíamos esas redacciones tituladas «mis vacaciones». Eran textos de media cuartilla que nos hacían escribir para matar el rato y que nadie leía después. Y exámenes, muchos exámenes, además de comentarios de texto con una estructura prefijada que era importante conocer porque era la que pedían en la prueba de selectividad (Evau o Ebau actual).

¿Dónde estarán todos esos textos? Eran textos de usar y tirar que nos corregían con un bolígrafo rojo. La intención de estos textos era ser evaluados y evaluadas. No escribíamos para informar, para opinar, para entretener ni para emocionar. Escribíamos para que nos calificasen. Y así crecimos.

Al menos leíamos (algunas/os) para cosas que iban más allá de extraer conocimiento cierto e incuestionable, almacenarlo en nuestra memoria y vomitarlo en un examen. Y esa lectura crítica, emocionante, apasionante, en la que nos perdíamos durante horas, era una actividad alfabetizadora decisiva. A través de esa actividad, pudimos comprender que la escritura iba más allá de reflejar de manera transparente la realidad inamovible. Aprendimos que escribir era construir el conocimiento, un conocimiento que podía ser genuino, propio, crítico con lo establecido.

Usar la escritura como una forma de construir el conocimiento es una competencia superior y avanzada que va mucho más allá de ese «saber redactar» al que nos tienen acostumbradas/os en el ámbito escolar. Saber redactar es fácil: es aprender una serie de normas gramaticales, ortográficas y de puntuación que se adquieren con la práctica y el repaso. Pero saber escribir es bastante más difícil. Y escribir en la Universidad es algo que se aprende siendo miembro de una comunidad de escritores y escritoras que siguen normas escritas y no escritas.

Creer que saber escribir textos de calidad, textos valiosos por el conocimiento que aportan, es solo es una cuestión de redacción, es dejarse por el camino todas las cuestiones sociohistóricas y culturales implicadas en la escritura que se desarrolla dentro de una institución como es la universidad y, dentro de esta, en las distintas disciplinas de conocimiento. Escribir es una cuestión de poder y legitimidad e implica insertarse en un río de intervenciones dialógicas en las que los distintos escritores no tienen el mismo estatus. Pensemos en las revisiones a las que se ven sometidos nuestros artículos cuando intentamos publicar en determinadas revistas, en las que muchas veces tenemos que pagar por publicar nuestro trabajo (qué paradógico, pagar por trabajar).

Y en estas, que llegan nuestras y nuestros estudiantes a escribir su TFG o su TFM. Recuerdo una estudiante de máster que me decía «es que nunca en la vida he tenido que escribir un trabajo de semejante envergadura». Me puse en su lugar e imaginé su historia académica, escribiendo esos trabajos que yo llamo «corta-pega»para entregar en las asignaturas de la diplomatura, la licenciatura o el grado. Y de repente les pedimos que escriban un informe de investigación o una revisión bibliográfica.

Cuando hablamos de la escritura en la Universidad, deberíamos dejar de dar por supuestos todos los procesos implicados en una tarea tal como escribir una revisión bibliográfica, por ejemplo. Pensar que el problema para desempeñar con éxito esta tarea es de redacción es simplificar mucho el asunto. Escribir una buena revisión bibliográfica implica saber cómo se construye el conocimiento y cómo se comunica en este tipo de textos, que son propios de una comunidad humana muy concreta. Estos son los elementos que tenemos que traer a la luz. Para enseñar a redactar, tenemos miles de normas escritas, pero enseñar a escribir en la universidad implica hacer que nuestros estudiantes se inserten en prácticas textuales de una comunidad de práctica que se llevan desarrollando décadas. ¿Cuántas revisiones han leído nuestros estudiantes durante el grado? ¿Saben buscar información? ¿Saben comunicar esta información? ¿Se han apropiado de los recursos textuales característicos de estos tipos de textos? Desde mi punto de vista, esas son las preguntas que nos deberíamos hacer.

Presentaciones de Power Point y otros engendros


Llegadas estas fechas, muchas estudiantes me preguntan cómo hacer su presentación de PowerPoint para acompañar la exposición oral de su Trabajo de Fin de Grado ante el tribunal. Bien, vamos a asumir que tenéis que usar PowerPoint, porque cuando nos aventuramos con otro tipo de formatos no sabemos qué nos vamos a encontrar con esos maravillosos ordenadores que tenemos en las salas en las que se celebran las exposiciones públicas. Ya nos ha pasado en alguna ocasión que no teníamos una buena conexión a internet y no podíais acceder a vuestro Prezi, y tampoco lo teníais descargado. Así que, aunque no quede tan bonito y original, lo más seguro es usar PowerPoint (PP). No obstante, si os empeñáis en usar otro formato, avisad con tiempo al presidente o presidenta de vuestro tribunal y pedidle que compruebe si el ordenador con el que vais a realizar la presentación funciona correctamente con dicho formato.

También tenéis que tener cuidado con la versión de PP que usáis: tened en cuenta que si usáis versiones distintas a la del ordenador que váis a utilizar, las propiedades de la presentación que habéis preparado pueden cambiar.

En cuanto a la forma de preparar la presentación, lo primero que tenéis que tener en cuenta es el tiempo que tenéis y lo que vais a contar. Para la presentación del TFG tenéis un máximo de 15 minutos en el que tenéis que resumir las características más importantes de vuestro trabajo ante el tribunal. Por tanto, os tenéis que plantear seriamente para qué sirve la presentación de PP. Yo os aconsejo que primero preparéis la presentación oral y luego diseñéis la PP para acompañarla, y no al revés. Así no tendréis la tentación de elaborar 50 diapositivas para vuestros escasos 15 minutos de tiempo.

Una vez elaborada vuestra presentación oral, podéis diseñar vuestra PP. ¿Para qué va a servir? Principalmente para cautivar al tribunal con vuestro maravilloso hilo argumental acompañado de estímulos multimedia que mantendrán su atención. El vídeo que os he dejado al principio os da una magníficas pautas para hacer una buena presentación de PP. Yo os voy a recordar aquí las cosas que no tenéis que hacer:

1) No copiéis el índice de vuestro TFG para pegarlo en la primera diapositiva: ¿Para qué creéis que serviría esto? El tribunal ya tiene vuestro TFG escrito y el índice figura en la primera página. Poner el índice en el PP no aporta nada y es bastante antiestético.

2) No pongáis la lista de referencias bibliográficas en la última diapositiva de vuestro PP: Es incluso más absurdo que lo del índice. ¿Para qué querría vuestro tribunal ver una lista de referencias en una diapositiva? Siempre que elaboréis un elemento de vuestra presentación, pensad en su utilidad.

3) Cuando tengáis tentaciones de copiar un párrafo de vuestro TFG y pegarlo en una diapositiva, pensad qué queréis que haga el tribunal con ella. Usar la presentación para pegar texto que ya está en vuestro trabajo vuelve a ser una estrategia que solo conseguirá hacer que vuestra exposición sea tediosa y repetitiva.

4) No uséis una plantilla de PP llena de flores, colorines, atributos geométricos o adornos innecesarios. No es lo que buscamos en una presentación de un trabajo académico.

5) Sabemos que los estudiantes de Logopedia sois grandes amantes de los niños y las niñas, pero no llenéis las presentaciones con sus fotos. Y si lo hacéis, aseguraos de que podéis compartirlas libremente y de que no estáis vulnerando su intimidad.

6) Aseguraos que el texto que escribís en las diapositivas es fácilmente legible. Por ejemplo, no uséis un color de letra claro con un fondo también claro, porque no podremos leer nada.

Creo que con estas indicaciones y vuestra sabiduría seréis capaces de diseñar unas presentaciones estupendas. ¡Mucho ánimo y energía en esta recta final! ¡Ya casi sois logopedas!