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Logopedia, Lectura y Escritura. Nº1

Aquí os dejo el primer número de la revista Logopedia, Lectura y Escritura, en la que se publican los trabajos que los estudiantes de 4º de Logopedia realizan en la asignatura de Psicopedagogía de la lectura y escritura.

En este primer proyecto en grupo, propuse a los estudiantes que realizasen una pequeña investigación sobre la lengua escrita y escribiesen un informe de investigación.  Se pidieron artículos relacionados con la Alfabetización Temprana, y en concreto, sobre lo que saben los niños y niñas sobre la escritura antes de entrar al colegio.

Los pasos que debían seguir los estudiantes para realizar su trabajo eran los siguientes:

1)    Plantead la pregunta de investigación. ¿Qué queréis averiguar? (Consultad investigaciones ya realizadas sobre composición escrita que os puedan orientar sobre esta pregunta)

2)    Definid un método de investigación para responder a esa pregunta.

3)    Decidid qué evidencias debéis obtener para responder a esa pregunta siguiendo el método propuesto.

4)    Recoged evidencias

5)    Analizad evidencias

6)    Elaborad las conclusiones de la investigación

Aprendizaje y memoria

Cuando la lengua escrita no existía o solo se usaba en círculos de personas elegidas, la memoria cumplía una valiosa misión. Las culturas orales preservaban su conocimiento transmitiéndolo a través de exposiciones públicas con formatos amigables para la memoria, como la rima y los géneros narrativos. La tradición oral tomaba la forma de cuentos, mitos, leyendas, poesías, etc.

La escritura permite, entre otras cosas, que surjan los géneros en prosa y la transmisión de saberes más abstractos. La acumulación de conocimiento en formato escrito libera nuestro sistema cognitivo para la reflexión y la elaboración del conocimiento más allá del simple almacenamiento de información. Autores como David Olson (2016) señalan a la escritura como la invención humana que más repercusión ha tenido en el cambio de la estructura cognitiva del ser humano y la sitúa en el origen de la racionalidad y del pensamiento sistemático y científico.

Desde este punto de vista, la escritura libera a las personas de la necesidad de memorizar . Al tener la posibilidad de registrar datos y recuperarlos a partir de su lectura, no tenemos que depender solo de nuestro cerebro para almacenar información. De esta forma, los materiales impresos adoptan la función de una suerte de cerebro externo al que podemos acudir para recuperar información sin necesidad de invertir tiempo en su codificación y almacenamiento en nuestra memoria. Por otra parte, podemos registrar la información en formas menos «memorables» que la poesía o la narración, como el discurso de tipo expositivo, lo que ofrece nuevas posibilidades a nuestro pensamiento.

Por tanto, la reflexión se desvincula de la memoria. Ahora, podemos leer textos en formato expositivo y tener acceso a reflexiones que van  más allá de las narraciones con moralejas propias de otras épocas. Esto no quiere decir que nuestra memoria haya dejado de funcionar: nuestro cerebro sigue teniendo la propiedad de almacenar información a largo plazo y recuperarla cuando es necesario. Lo que hemos dejado de hacer son dos cosas:

1) Encapsular la información que debe ser recordada para la supervivencia histórica del grupo en géneros y estructuras lingüísticas memorables y

2) Memorizar la información para transmitirla.

Bueno, en realidad no hemos dejado de hacerlo. Seguimos creando historias y memorizando datos, pero los entornos en los que lo hacemos y los objetivos de estas actividades han cambiado. Uno de los entornos sociales que sigue apegado a las reglas mnemotécnicas y al almacenamiento de información para luego volcarla es el educativo. En el colegio, el instituto y la universidad se equipara a veces memorización con aprendizaje. De hecho, la forma en que se evalúa el aprendizaje, los exámenes, responden a ese concepto de aprendizaje como un proceso de almacenamiento de información en la memoria. Sin embargo, lo importante de aprender no es la información que almacenas, sino saber recuperarla de manera pertinente en el momento adecuado.

En primero del Grado en Logopedia, mis estudiantes estudian en Psicología de la Educación cuáles son los procesos implicados en el aprendizaje y cómo influir educativamente a una persona para que aprenda. La mayoría superan con éxito la asignatura. Cuando les vuelvo a ver en 4º de grado, les tengo que recordar que hubo un día en que estudiaron esa asignatura. Quizás hubo un día que atendieron en clase y tomaron apuntes. Quizás leyeron las lecturas propuestas. Quizás realizaron proyectos en los que debían aplicar esos conocimientos y volcaron lo leído en exámenes tipo test y de desarrollo. Pero ¿qué aprendieron? ¿Qué quedó en su sistema de creencias, en su forma de ver el mundo, en su forma de entender el cambio educativo que se produce en una intervención logopédica?

El aprendizaje no es memorizar datos. El aprendizaje supone un cambio de los esquemas de acción y de comprensión del mundo (como ya planteaba Piaget en su momento). Supone un cambio en las estructuras con las que nos acercamos a nuestras prácticas culturales. La simple acumulación de información no conlleva aprendizaje necesariamente. El aprendizaje conlleva un convencimiento, una destrucción de lo viejo y una reconstrucción para afrontar la vida desde un nuevo paradigma. Si seguimos interpretando la información acumulada desde la misma perspectiva, de nada habrá servido todo el esfuerzo. Incluso en las disciplinas en las que se cree que todo es memoria, como la Historia, la comprensión de las perspectivas desde las que se ofrecen los datos es crucial para aprender.

Por lo tanto, el verdadero reto en la educación es conseguir que los estudiantes aprendan, no que memoricen y retengan información. Me da igual que sepan lo que es la Zona de Desarrollo Próximo o el aprendizaje por biofeedback si luego no saben aplicar estos conocimientos a su práctica profesional. Me es indiferente que aprendan autores y fechas si luego no saben el papel que cumplen estos autores en el desarrollo del conocimiento sobre los procesos de aprendizaje.

Hemos de habilitar procedimientos que faciliten el cambio conceptual de los estudiantes y que  pongan en marcha procesos de reflexión y conflicto cognitivo. Estos procesos son los que dan lugar al verdadero aprendizaje: una actitud, una disposición de actuar de determinadas formas, una comprensión de los fenómenos desde formas reconocidas por la comunidad científica y profesional. Y no una acumulación irreflexiva de datos sin sentido.

La escuela y la familia en el siglo XXI

Hace ya años, mi compañero David Poveda y yo escribíamos sobre la congruencia cultural en la educación de los niños y niñas gitanas. Mostrábamos cómo las estructuras conversacionales de estas niñas y niños en sus contextos «naturales» eran muy diferentes a las estructuras que se desarrollaban en el colegio. Estas diferencias, entre otras más explícitas, contribuyen al distanciamiento que se produce entre la escuela paya y la familia gitana sin apenas darnos cuenta. En ese artículo, abogábamos porque la escuela se hiciese consciente de este tipo de fenómenos y trabajase en pos de la congruencia cultural.

En la actualidad, me encuentro este artículo y observo que la brecha se agranda. No sólo con la cultura gitana, que sería un caso extremo a considerar. La escuela se está alejando de otro tipo de familias, que comienzan a entender la educación de formas diferentes y a comprender que el aprendizaje repetitivo y falto de significado que predomina en la escuela no es congruente con el modelo cultural en el que ellas se desarrollan.

La evaluación mediante exámenes, la exigencia de repetición textual de los contenidos en los libros de texto, la imposición de tareas que los niños y niñas tienen que realizar en su tiempo libre y el estilo autoritario que les obliga a estar callados y quietos en clase ya no cuadra con la sociedad de la gamificación. Mientras que nuestra sociedad está tendiendo a una forma de producción del conocimiento áltamente creativa, intertextual e interdisciplinar, la escuela sigue anclada en un marco decimonónico que impide el libre desarrollo de nuestros pequeños y pequeñas ciudadanas.

La solución a todo esto no puede ser solo de abajo a arriba, confiando en las buenas voluntades de maestros aislados como César Bona y los realilty shows en busca de maestros y maestras innovadoras. Y tampoco sólo de arriba a abajo, imponiendo por ley y por decreto una supuesta calidad educativa basada en pruebas de nivel que nuevamente exponen a niños y niñas a exámenes sin sentido. El cambio educativo requiere un cambio de mentalidad global en la sociedad española, tan dada a la copia y a la reproducción tipo loro de feria.

Por otra parte, se está adoptando por parte de la institución escolar una versión muy peligrosa del manido «la familia y la escuela tienen que colaborar». Esto se está traduciendo en que la familia tiene que estar a las órdenes de la escuela para apuntalar las acciones que se emprenden en la primera. La familia se quiere convertir en una extensión de la escuela, en la que el currículum oficial pasa a ser el objetivo principal de las actividades extra curriculares. Desde mi punto de vista, es la escuela la que tiene que adaptarse a las realidades familiares. Es la escuela la que tiene que buscar los medios pedagógicos para trabajar con las diferencias que habitan sus aulas, más que imponer un molde y una afán uniformizador al grupo.

La congruencia familia-escuela pasa por una colaboración, pero una colaboración no jerárquica. Una colaboración bidireccional en el que la familia penetre con sus métodos y sus valores en una institución que, a día de hoy, permanece cerrada y retroalimentando sus prácticas ancestrales a pesar de que el mundo sigue rodando en una dirección muy distinta.

La importancia de las ideas previas en la enseñanza superior

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A lo largo del tiempo que he estado trabajando por proyectos con estudiantes de grado, he detectado formas de razonamiento que interactuan de manera interesante con los contenidos de la materia que intento transmitir. Conociendo estos elementos es mucho más fácil prever las dificultades que van a encontrar los estudiantes a la hora de enfrentarse a la asignatura.

En el caso de la asignatura que imparto en primero de grado de Logopedia, Psicología de la Educación, una de las cosas que más influyen en la construcción del conocimiento sobre esta materia son las nociones previas de los estudiantes sobre qué es educación, cómo se debe educar, qué es aprendizaje, cómo se aprende y qué es intervención y cómo se interviene. Desde este punto de vista, hay que tener en cuenta que enfoco esta asignatura relacionándola estrechamente con la Logopedia como una disciplina eminentemente educativa. En toda relación logopédica se establece una relación educativa entre la persona de la que se desea un cambio de comportamiento, conducta o función. Desde la relación más clínica, en la que un profesional trata de entrenar, por ejemplo, los procesos de deglución del paciente, hasta la más contextual, en la que se dan pautas a una familia para facilitar el desarrollo lingüístico de su pequeño, los procesos de cambio están vinculados a la capacidad del/la logopeda para poner en marcha estos procesos.

Uno de los primeros escollos que me encuentro es el que tiene que ver con la la forma en que los estudiantes conceptualizan la educación. La equiparación en el ideario común del logopeda como un profesional clínico les lleva al relacionar la Psicología de la Educación únicamente con la logopedia que se desarrolla en los contextos escolares. Es una de las primeras peleas que tengo que librar: diferenciar Psicología de la Educacion de Psicología Escolar y, por tanto, plantear que la educación está implicada en CUALQUIER PROCESO DE CAMBIO que suponga aprendizaje, independiente de la consciencia de los participantes de su contribución a dicho cambio.

Comprender esto es crucial para aprovechar los conocimientos que puede aportar la Psicología de la Educación a los logopedas. Para promover el aprendizaje en las personas es importante saber cómo éstas aprenden y cuáles son las características óptimas de las situaciones educativas para que éstas sean eficaces.

En segundo lugar, existe una carga muy importante de nociones previas relacionadas con un modelo de aprendizaje por transmisión. Su planteamiento inicial les dicta que las personas aprenden porque asimilan conocimientos que otra persona les transmite. Desde este modelo, entran en conflicto con las teorías del aprendizaje que muestran formas de aprender basadas en otros mecanismos (por ejemplo, el condicionamiento clásico y el operante) o en otros conceptos de conocimiento (el constructivismo o el modelo sociocultural).

En tercer lugar, llegan al grado con ideas previas sobre en qué consiste el trabajo de un/a logopeda. Imaginan por lo general un profesional con bata blanca que enseña a decir la «r» animando a los niños a hacer ejercicios con la lengua, que les ponen tareas repetitivas para que aprendan ciertas nociones lingüísticas, y que juegan mucho con ellos para favorecer su aprendizaje. Por tanto, cuando les planteo reflexionar desde los distintos modelos teóricos de la Psicología de la Educación para imaginar distintas formas de intervención fundamentadas en estos distintos modelos de aprendizaje humano, tratan de adaptar sus creencias previas al conocimiento nuevo. Esto da lugar a una comprensión rígida de las teorías y a una interpretación bastante peculiar de las mismas.

Como ya dijo Ausubel hace años, es extremadamente importante que el educador tenga en cuenta las ideas previas de sus estudiantes para propiciar la construcción significativa del conocimiento. Este principio, unido al planteamiento de Vygotsky de que para que haya construcción tiene que haber conflicto y destrucción, marca un punto de partida importante para trabajar con los estudiantes de primero de grado. Es imprescindible conocer su punto de partida, pero también diseñar procedimiento para poner en conflicto sus ideas previas y conseguir que las cuestionen para poder aceptar nuevos planteamientos sobre el mundo.